PARTE 1 —¿Tu esposo sigue en Alemania? —me preguntó Daniela, con los ojos hinchados por haber enterrado a su padre.…
Llegué al funeral de un cliente y reconocí enseguida al hombre que llevaba tres meses diciéndome que estaba en el extranjero: era mi esposo, con una flor blanca y presentado ante todos como el futuro marido de otra mujer. “No es lo que parece”, murmuró. Yo solo sonreí, guardé el teléfono con nuestras conversaciones y esperé, porque al día siguiente serían ellos quienes vendrían a acusarme públicamente.