Seguí a mi madre una mañana y la vi abrazando a mi exesposa en su puesto de fruta. «Todavía no le digas que vengo», le susurró. Llevábamos 2 años divorciados por unas fotos que parecían demostrar su infidelidad. No dije nada. Días después, encontré unas facturas que me hicieron mirar aquellas fotos de otra manera.

Parte 1

Nunca imaginé que seguir a mi propia madre hasta un mercado pudiera hacerme dudar de los últimos 2 años de mi vida.

Todo empezó un martes, poco después de las 8 de la mañana. Mi madre, doña Consuelo, llevaba varias semanas saliendo de casa más temprano de lo normal. Siempre regresaba con bolsas de fruta, pero cuando le preguntaba por qué no mandaba a alguien a comprarla, respondía lo mismo:

“Me gusta escogerla yo.”

Aquella mañana decidí seguirla.

La vi entrar al mercado municipal y caminar entre puestos de flores, verduras y cajas de madera hasta detenerse frente a un pequeño negocio de fruta. Yo iba a acercarme cuando escuché una voz que llevaba 2 años evitando recordar.

“¿Y si Osvaldo se entera?”

Me quedé inmóvil.

Era Yolanda.

Mi exesposa.

La mujer de la que me había divorciado después de recibir unas fotografías donde aparecía entrando a un hotel con otro hombre.

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