# La abuela que la vida le regaló: una amistad que demostró que el amor no tiene edad
Pero hay una parte de esta historia que merece ser contada con más detalle.
Porque lo que Chris hizo por Norma no fue simplemente ofrecerle un lugar donde dormir. Fue demostrarle que, incluso cuando la vida parece estar llegando a su final, todavía pueden existir motivos para sonreír.
Cuando Norma se mudó al apartamento de Chris, llevó consigo algunas pertenencias, sus recuerdos más queridos y, por supuesto, a Hermes, su inseparable gato.
Para ella, aquel cambio significaba mucho más que cambiar de habitación.
Significaba aceptar que ya no podía vivir como antes. Que necesitaba ayuda para realizar actividades cotidianas y que su salud estaba empeorando.
Pero Chris se aseguró de que nunca sintiera que era una carga.
Cada mañana se acercaba a su habitación para saludarla.