Una mujer embarazada apareció en la puerta del rancho pidiendo una sola noche de refugio… el granjero estaba por cerrarle la puerta, hasta que algo en ella lo detuvo.

Mateo salió más tarde al corredor, como hacía cada noche. Miró el rancho, el cielo lleno de estrellas y la sombra del jacarandá. Adentro dormían Ana, Lucía, Pedro y Clara.

No era la familia que había imaginado de joven.

Era la que la vida le había puesto enfrente cuando abrió el portón.

Y era exactamente la suya.

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