Embarazada y sola, volvió con el único hombre que la amó… pero su reacción la dejó sin palabras.

Embarazada y sola, volvió con el único hombre que la amó… pero su reacción la dejó sin palabras.

Cuando Magdalena llegó a la vieja tranquera del rancho, el polvo del camino todavía se le pegaba al vestido azul de flores como una segunda piel. Tenía ocho meses de embarazo, las piernas hinchadas de tanto andar, una maleta gastada colgándole de la mano y un cansancio tan profundo que parecía haberle envejecido el alma. El sol de la tarde bañaba el patio con un color de miel vieja. La casa seguía allí, de corredor ancho, techo de teja y paredes encaladas. También seguía el poste donde antes amarraban los caballos, el mezquite torcido junto al pozo y ese silencio del campo que a veces consuela y a veces lastima.

Entonces él salió.

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