Mi hija de 9 años me llamó desde el hospital y susurró: —Papá… mamá me vio mientras mis tíos me golpeaban. Luego cerró la cortina. Cuando llegué, la familia de mi exesposa ya había dicho a la policía que todo había sido un accidente. No discutí. Esa misma noche recibí un video de un número desconocido. Debajo había un mensaje de una niña de 16 años: —Tu hija no fue la primera.

Mi hija levantó el rostro hacia ella.

Hasta sin sonido podía verse que estaba gritando.

Verónica se quedó inmóvil.

Después extendió una mano.

Y cerró la cortina.

Sentí que me faltaba aire.

Llegó otro mensaje.

Me llamo Renata.

Tengo 16 años.

Rodrigo es mi papá.

Valeria no fue la primera.

Parte 2: Vi el video 3 veces.

No porque quisiera hacerlo.

Necesitaba asegurarme de que nada pudiera interpretarse de otra manera.

Guardé varias copias y envié una directamente a mi abogado.

Otra llegó a la Fiscalía del Estado.

Renata aceptó declarar únicamente si la sacaban de la casa Alcázar antes de que su padre descubriera lo que había hecho.

La conocí 2 días después.

Era una adolescente delgada, con las manos temblando y los ojos rojos de no dormir.

Se sentó frente a 2 investigadores.

—Mi papá me quitó el celular y borró el video —explicó.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *