Mi hija levantó el rostro hacia ella.
Hasta sin sonido podía verse que estaba gritando.
Verónica se quedó inmóvil.
Después extendió una mano.
Y cerró la cortina.
Sentí que me faltaba aire.
Llegó otro mensaje.
Me llamo Renata.
Tengo 16 años.
Rodrigo es mi papá.
Valeria no fue la primera.
Parte 2: Vi el video 3 veces.
No porque quisiera hacerlo.
Necesitaba asegurarme de que nada pudiera interpretarse de otra manera.
Guardé varias copias y envié una directamente a mi abogado.
Otra llegó a la Fiscalía del Estado.
Renata aceptó declarar únicamente si la sacaban de la casa Alcázar antes de que su padre descubriera lo que había hecho.
La conocí 2 días después.
Era una adolescente delgada, con las manos temblando y los ojos rojos de no dormir.
Se sentó frente a 2 investigadores.
—Mi papá me quitó el celular y borró el video —explicó.