Parte 1
A las 2:17 de la madrugada, mi hija de 9 años me llamó desde un hospital y me dijo algo que partió mi vida en 2.
—Papá… mamá cerró la cortina mientras me estaban lastimando.
Me levanté tan rápido que la silla cayó detrás de mí.
Llevaba casi 8 meses trabajando como coordinador de seguridad en una obra energética cerca de Monterrey.
Faltaban apenas 2 días para que terminara mi contrato y pudiera regresar a Guadalajara.
Cuando vi el nombre de Valeria en la pantalla pensé que había tenido una pesadilla.
Entonces escuché su respiración.
Corta.
Dolorosa.
Como si cada bocanada de aire le costara demasiado.
—Valeria, dime dónde estás.
—En el hospital, papá.
Sentí que el piso desaparecía debajo de mis pies.
—¿Qué pasó?
Hubo un silencio.
Después escuché un sollozo.
—Fueron el tío Rodrigo y el tío Esteban.
Eran los hermanos de mi exesposa, Verónica Alcázar.