Después recordé todas las veces que me obligó a esconder mis cicatrices.
Y comprendí que ya no podía regresar a aquella vida.
Mauricio fue acompañado hacia la salida.
Camila recogió apresuradamente su bolso y abandonó el salón por una puerta lateral.
Nadie intentó detenerla.
Sebastián volvió al micrófono.
—Con los derechos de voto de Valeria debidamente reconocidos, el consejo ha designado una dirección provisional. Además, Valeria ha aceptado incorporarse al consejo de administración.
Durante unos segundos nadie reaccionó.
Entonces doña Elena se puso de pie.
Comenzó a aplaudir.
Una empleada de contabilidad se levantó junto a ella.
Después otra persona.
Y otra.
Hasta que todo el salón estaba de pie.
Yo permanecí frente al micrófono, con las lágrimas deslizándose por mis mejillas.
No eran lágrimas de humillación.
Eran de alivio.
Había pasado cinco años convencida de que mi cuerpo era algo que debía esconder.