—¿Quién está esperando? —preguntó Adrián, levantándose bruscamente.
El suboficial tragó saliva.
—Una mujer, mi coronel. Dice que tiene información sobre su esposa.
—¡Tráiganla inmediatamente!
Minutos después, una mujer de cabello gris entró en el despacho.
Adrián la reconoció al instante.
Era Elena Navarro, la hermana mayor de Clara.
—¿Dónde está mi esposa? —exigió.
Elena lo miró con un desprecio que ningún soldado se había atrevido a mostrarle.
—Ya no tienes esposa, Adrián. La perdiste cuando elegiste a otra mujer por encima de tu hija.
—Necesito encontrarla.
—No. Necesitas escuchar lo que ella dejó para ti.
Elena colocó una memoria USB sobre el escritorio.
La grabación mostraba a Clara sentada frente a una ventana, abrazando el conejo de peluche de Sofía.
Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.
—Adrián, si estás viendo esto, significa que todavía no has respetado mi decisión.