MI ESPOSO ME LLAMÓ REPUGNANTE POR LAS CICATRICES QUE ME DEJÓ EL INCENDIO DEL QUE LO SALVÉ, Y SU AMANTE ORGANIZÓ UNA GALA DONDE TODAS DEBÍAMOS LLEVAR LA ESPALDA DESCUBIERTA, SIN IMAGINAR QUE EL DUEÑO MILLONARIO DE LA EMPRESA LLEGARÍA TOMADO DE MI BRAZO.

Miré hacia Mauricio.

Tenía el rostro desencajado.

—Mientras yo estaba hospitalizada y bajo los efectos de medicamentos fuertes, mi esposo me pidió firmar documentos que presentó como trámites del seguro. Años después descubrí que aquella indemnización se utilizó para rescatar esta empresa.

Hice una pausa.

—El dinero que ayudó a mantener Transportes Altamar en funcionamiento salió de una tragedia que casi me cuesta la vida.

Doña Elena se llevó una mano al pecho.

Varias personas bajaron la mirada.

Mauricio se levantó bruscamente.

—¡Esto es una locura! ¡Valeria sabía perfectamente lo que firmaba! ¡Ella autorizó todos los poderes!

Lo observé.

—Mauricio, ¿recuerdas el nueve de marzo de hace dos años?

Su expresión cambió.

—¿Qué tiene que ver eso?

—Ese día me realizaron la duodécima operación. Estuve anestesiada durante varias horas.

La pantalla mostró dos firmas.

Una auténtica.

Otra correspondiente a una autorización fechada aquel mismo día.

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