La escritura que cambió mi vida a los 72 años
Parte 2: El secreto que Henrietta guardó durante décadas
Me acerqué al libro y ajusté mis gafas.
Al principio, las letras parecían bailar delante de mis ojos. El volumen era antiguo, y algunas páginas tenían los bordes amarillentos. Rosella colocó una mano sobre mi hombro para ayudarme a mantener el equilibrio.
Entonces leí mi nombre.
Elnora Ruthanne Whitsett.
Debajo aparecía una dirección que conocía mejor que cualquier otra en el mundo: la dirección de la antigua casa de campo de Henrietta Lockridge.
Volví a leer la línea.
Y después otra vez.
—Rosella, esto debe de ser un error —susurré—. Yo nunca he comprado ninguna propiedad. No tengo dinero para comprar una casa así.
Rosella no respondió inmediatamente.
Se quitó las gafas, limpió los cristales con un pañuelo y volvió a ponérselas.