VOLVÍ A DORMIR CON MI EXESPOSA DURANTE UN VIAJE DE TRABAJO. AL AMANECER, UNA MANCHA DE SANGRE EN LA SÁBANA ME DEJÓ PARALIZADO… Y UN MES DESPUÉS, UNA LLAMADA DESDE UN HOSPITAL EN CANCÚN ME REVELÓ POR QUÉ AQUELLA NOCHE NUNCA FUE UN ACCIDENTE

Tres años después me enviaron a Quintana Roo.

La compañía estudiaba la compra de un terreno para un complejo pequeño al norte de Puerto Morelos.

Yo debía reunirme con topógrafos, revisar accesos, firmar documentación y regresar en cuarenta y ocho horas.

Llegué un jueves.

La primera jornada terminó tarde.

Volví al hotel.

Me bañé.

Intenté pedir algo de cenar.

No tenía hambre.

Así que salí.

Caminé por una avenida cerca del mar hasta encontrar un bar pequeño.

Nada de discoteca.

Nada turístico.

Madera oscura.

Ventiladores lentos.

Un cantante tocando covers con guitarra.

Pedí whisky.

Y entonces la vi.

Mariana estaba sentada a menos de diez metros.

No de espaldas completamente.

De perfil.

La reconocí por la forma en que jugaba con el borde de una servilleta cuando estaba nerviosa.

Me quedé inmóvil.

Ella levantó la mirada.

Sus ojos se abrieron.

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