DURANTE OCHO FINES DE SEMANA, MI HIJO DE 16 AÑOS ME DIJO QUE DORMÍA EN CASA DE SU MEJOR AMIGO. A LAS 4:37 DE LA MADRUGADA REGRESÓ CON LOS BRAZOS LLENOS DE QUEMADURAS. CUANDO DESCUBRÍ LO QUE HABÍA ESTADO HACIENDO, NO PUDE DEJAR DE LLORAR.
Durante ocho fines de semana, mi hijo me dijo que se quedaba a dormir en casa de su mejor amigo.
Y durante esos mismos ocho fines de semana, su mejor amigo le dijo exactamente lo mismo a su madre.
Ninguna de las dos sospechó nada.
Hasta que una madrugada, a las cuatro y treinta y siete, mi hijo entró por la puerta de nuestra casa con los brazos cubiertos de quemaduras.
Tenía harina en el cabello.
Había adelgazado.
Y estaba tan cansado que apenas podía mantenerse de pie.
Yo estaba preparada para regañarlo.
Había pasado toda la noche imaginando las peores cosas.