### PARTE 2
Don Alejandro volvió a probar el mole.
Esta vez cerró los ojos durante varios segundos.
Cuando los abrió, tenía lágrimas acumuladas.
—¿Quién te enseñó?
Tragué saliva.
—Mi abuela, señor.
—¿Cómo se llamaba?
—Rosa Hernández.
El hombre dejó caer lentamente la cuchara.
—Rosa…
Repitió el nombre como si acabara de escuchar la voz de alguien que llevaba décadas muerto.
Mateo dio un paso adelante.
—Don Alejandro, mi esposa solo trabaja en la cocina. Si quiere hablar del menú, podemos—
—¡Cállate!
El grito retumbó en toda la cocina.
Mateo se quedó inmóvil.
Don Alejandro me miró nuevamente.
—¿Tu abuela vivía en Oaxaca?
Asentí.
—En un pueblo cerca de Tlacolula.
El rostro del empresario cambió por completo.
—¿Y tu madre?
—María Elena.
Don Alejandro retrocedió.
Se llevó una mano al pecho.
—Dios mío…
Los invitados comenzaron a acercarse a la puerta.
Yo no entendía nada.
—¿La conoció?
Él me miró.