PARTE 2
—¿Qué tan confundida? —preguntó mamá.
—Lo suficiente para que Abigail crea que tiene el control.
Mamá sonrió.
—Entonces mañana le daremos exactamente lo que quiere.
A la mañana siguiente, Abigail entró al dormitorio con una sonrisa.
—Buenos días, mamá. ¿Recuerdas quién soy?
Mamá la miró durante varios segundos.
—¿Eres… la enfermera?
Abigail sonrió satisfecha.
—Eso es. Muy bien.
Yo estaba detrás de ella.
—Parece que hoy está peor.
Abigail me tomó del brazo.
—Te lo dije. Necesita ayuda profesional.
Asentí.
—La llevará.
El alivio que apareció en su rostro duró apenas unos segundos.
No sabía que la cita que yo había organizado no era con el médico que ella había elegido.
Era con una especialista independiente.
Y llevaba conmigo un archivo.
No contenía los documentos que Abigail esperaba.
Contenía las grabaciones.
Los registros de seguridad.