Mi tío Pedro me crió después de la muerte de mis padres… pero después de su funeral, recibí una carta escrita por él que decía:

PARTE 2

Mateo no levantó la voz.

Y quizá eso fue lo que más miedo le dio a mi madre.

Se acercó a mí, tomó el capazo de Valeria con cuidado y me ayudó a sentarme en el asiento del coche.

—Primero vamos al hospital —dijo—. Después nos ocupamos de lo demás.

Mi madre cruzó los brazos.

—No tienes derecho a amenazarnos en nuestra propia casa.

Mateo la miró.

—Esta casa dejó de ser un asunto exclusivamente suyo hace mucho tiempo.

Abrió la carpeta azul.

—¿Recuerdas el dinero que Lucía te entregaba cada mes para pagar la hipoteca?

Mi madre palideció.

—Eso no tiene nada que ver.

—Tiene todo que ver.

Mateo sacó varias hojas.

—La casa está a nombre de Lucía.

Mi padre levantó la cabeza por primera vez.