Los dos agentes se miraron.
La sargento les pidió sus identificaciones y ordenó que nadie manipulara los equipos de grabación.
Después llamó a un supervisor.
Durante los siguientes veinte minutos, todos permanecieron junto a la carretera.
Los agentes que habían detenido a Victoria ya no hacían bromas.
El primero mantenía los brazos cruzados.
El segundo miraba constantemente hacia la patrulla.
Cuando llegó el supervisor, la sargento le informó de lo sucedido y le explicó que existían grabaciones independientes.
El supervisor ordenó separar a los dos agentes para recoger sus declaraciones y dispuso que se conservaran las imágenes de las cámaras corporales.
Victoria pidió una copia del informe de la intervención y los datos necesarios para presentar una queja formal.
Esta vez, nadie se rio.
Antes de marcharse, la sargento se acercó a ella.
—Lamento que haya pasado por esto. No puedo anticipar el resultado de la investigación, pero me aseguraré de que el incidente quede documentado.