Un escudo dorado en el bolsillo karacambia un control de tráfico en la carretera.

El agente sostuvo el dispositivo entre los dedos.

La pequeña luz roja seguía parpadeando.

—¿Qué demonios es esto? —preguntó, perdiendo la sonrisa.

Victoria lo miró con absoluta tranquilidad.

—Un grabador de audio con transmisión automática.

El segundo agente dejó de reírse.

—¿Transmisión a dónde?

—A un servidor externo. Y una copia se está guardando en otro dispositivo.

El primero apretó el aparato.

—¿Nos estás grabando?

—Desde antes de que se acercaran a mi coche.

Los dos agentes intercambiaron una mirada.

Por primera vez, parecían comprender que la situación había cambiado.

—Apaga esto —ordenó el primero.

—No puedo hacerlo con las manos esposadas —respondió Victoria—. Además, no creo que apagarlo ahora borre lo que ya se ha grabado.

El segundo agente se acercó rápidamente.

—Escúchame, jovencita. No sabes en qué problemas te estás metiendo.

Victoria levantó la barbilla.

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