—No, Rodrigo. Elegiste la explicación que te resultaba más cómoda.
No respondió.
Porque sabía que tenía razón.
Tres días después, la auditoría reveló que Valeria había utilizado varias sociedades para desviar las transferencias.
Pero el hallazgo más sorprendente no estaba relacionado con el dinero.
Entre los archivos aparecía un correo enviado por Valeria a un antiguo administrador del hospital.
El asunto decía:
«Expediente de Elena Carvajal — mantener confidencial».
El mensaje incluía informes médicos de mi embarazo y documentos sobre el nacimiento de Adrián.
Sentí un escalofrío.
Valeria no solo sabía que mi hijo existía.
Había seguido nuestra vida desde la distancia.
Aquella noche recibí una llamada de un número desconocido.
—Señora Carvajal, soy el doctor Esteban Ríos. Trabajé con Rodrigo hace diecinueve años.
—¿Qué necesita?
Su voz temblaba.