—Mamá, aquel hombre es mi padre, ¿verdad?
Sentí que el corazón se me encogía.
—Sí.
Mi hijo permaneció callado durante varios segundos.
—¿Por qué nunca vino a buscarme?
Le tomé la mano.
—Porque nunca supo que existías. Y yo decidí no regresar a aquella vida.
Adrián bajó la mirada.
—Entonces quiero conocer la verdad completa. No para juzgarte, sino para entender mi historia.
Asentí lentamente.
Mi hijo merecía respuestas.
Dos días después, Rodrigo apareció acompañado de un abogado.
Nos reunimos en una sala privada del hotel.
—Elena, durante dieciocho años envié dinero para ayudarte —dijo apenas se sentó—. Más de dos millones de euros.
Lo miré incrédula.
—Rodrigo, jamás recibí un solo euro tuyo.
Su expresión cambió.
—Eso es imposible.
Sacó varios comprobantes bancarios.
Los examiné.
Las transferencias aparecían dirigidas a una sociedad denominada Carvajal Family Services.