Sentí que las lágrimas volvían a aparecer.
—Yo no necesitaba que fuerais perfectos. Solo necesitaba que estuvierais presentes.
Sarah se acercó.
—Lo sabemos, mamá.
—No. Ahora lo estáis empezando a comprender.
Y, por primera vez en veinte años, todos dejamos de buscar excusas.
4. La verdadera razón por la que no vinieron a mi cumpleaños
Cuando salimos del hotel, mis hijos me acompañaron a un pequeño parque cercano.
Nos sentamos en un banco.
Nadie tenía prisa por marcharse.
Finalmente, Emily habló.
—Mamá, hay algo más que tienes que saber.
La miré.
—¿Qué ocurre?
—No fue papá quien decidió que no fuéramos a tu cumpleaños.
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Emily se secó los ojos.
—Él nos pidió que nos reuniéramos con él ese día para hablar de los documentos. Pero nosotros podríamos haber venido a verte después. O haber cambiado la reunión. O haberte llamado.