## La mujer que convirtió las burlas en una fortuna
Continuación y final de la historia
Aquella noche, mientras todos dormían, Magdalena Reyes permaneció despierta en el granero.
Frente a ella había tres montones de lana: uno demasiado sucio para venderlo, otro húmedo y apelmazado, y un tercero que había conseguido rescatar después de horas de trabajo.
Los observó como si fueran monedas de oro.
No tenía dinero, no tenía amigos y ni siquiera podía estar segura de que su marido la respetara. Pero tenía algo que ninguno de los hombres de la Hacienda El Manantial había sabido conservar: conocimiento.
Y decidió que, si querían verla fracasar, tendrían que esperar sentados.
A la mañana siguiente, Magdalena se levantó antes del amanecer. Fue al pozo, comprobó la profundidad del agua, examinó las cercas y recorrió los terrenos con Don Jacobo.