La carta tenía tres páginas.
En la primera, Estela hablaba de la casa, de las dificultades económicas y de lo mucho que le costaba acostumbrarse a que su hija ya no estuviera disponible para resolver cualquier problema.
En la segunda, escribió algo que Valeria jamás había escuchado de ella.
Durante mucho tiempo pensé que, como eras la fuerte, no necesitabas que te cuidáramos. Me acostumbré a que siempre pudieras con todo. Cuando te quejabas, creía que estabas exagerando porque nunca te faltaba nada material.
Valeria dejó de leer por un momento.
Después continuó.
Ahora entiendo que sí te faltaban cosas. Te faltaba descanso. Te faltaba sentir que alguien te defendía. Te faltaba poder decir que no sin tener miedo de que dejáramos de quererte.
Al final de la última página, su madre había escrito:
No sé si algún día podrás perdonarme. No te escribo para pedirte dinero. Te escribo porque quiero pedirte perdón por haberte hecho sentir que solo tenías valor cuando nos servías.