Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

No llevó flores.

No llevó regalos.

Solo apareció con una bolsa de comida, dos bebidas calientes y una expresión de preocupación que desapareció parcialmente cuando ella abrió la puerta.

—¿Estás bien?

Lucía negó con la cabeza.

Él dejó la bolsa sobre la mesa y abrió los brazos.

Ella se acercó.

Y lloró contra su pecho.

Alejandro la sostuvo sin hacer preguntas durante varios minutos.

Cuando finalmente se sentaron en el sofá, Lucía le contó todo.

Le habló de Daniel.

Del dinero que había perdido.

De la humillación.

De las noches en las que había pensado que jamás volvería a ser capaz de confiar en nadie.

Y del miedo que sintió cuando Daniel apareció frente a la escuela.

Alejandro escuchó en silencio.

Pero mientras más escuchaba, más fría se volvía su expresión.

Cuando Lucía terminó, él se levantó.

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