PARTE 2
Me quedé parada en la banqueta.
El olor a papel quemado me llenaba la nariz.
Mi papá sonreía como si acabara de ganar una batalla.
Mi mamá cruzaba los brazos, satisfecha.
Daniela seguía grabando desde la ventana, con esa media sonrisa que le salía cuando creía que había ganado.
Respiré hondo.
No grité.
No lloré.
No supliqué.
Me reí.
Una risa baja.
Tranquila.
Que los hizo fruncir el ceño a los tres.
—¿De qué te ríes? —preguntó mi papá, con la voz dura.
Caminé hasta el bote metálico.
Miré los restos del papel chamuscado.
Y levanté la vista.
—Papá…
—¿Qué?
—Ese no era mi cheque.
Silencio.
Mi mamá parpadeó.
—¿Qué dices?
—Ese era un papel que imprimí esta mañana. Con el logo de la lotería. Con mi nombre. Con la cifra. Pero era solo eso: un papel.
Mi papá soltó las pinzas.
—Mentira.