Lucía no pudo evitar soltar una carcajada.
Alejandro la miró con curiosidad.
—¿Buenas noticias?
—Mi mejor amiga está preguntando si ya te espanté.
Alejandro soltó una risa profunda.
—Dile que todavía estoy aquí. Aunque, si soy sincero, ahora me preocupa un poco lo que podría hacer falta para espantarme.
Lucía escribió rápidamente:
«Todavía no. Pero dame tiempo».
Alejandro alcanzó a leer el mensaje antes de que ella guardara el celular.
—Vaya. Me encanta tu optimismo.
—No te acostumbres —respondió ella, caminando hacia la puerta—. Todavía no sabes lo peor de mí.
—Entonces espero tener muchas oportunidades para descubrirlo.
Lucía puso los ojos en blanco, aunque una sonrisa traicionera apareció en sus labios.
No sabía por qué aquel hombre conseguía hacerla reír con tanta facilidad.
Y eso, precisamente, era lo que más miedo le daba.
Porque hacía mucho tiempo que no se sentía tan cómoda con alguien.