PARTE 2: LOS CUATRO HEREDEROS

Cuando me vio, sonrió.

—Llegaste temprano.

Intenté devolverle la sonrisa.

—Necesito preguntarte algo.

Su expresión cambió.

—¿Qué ocurre?

Esperé hasta que los niños estuvieran ocupados.

Después hablé en voz baja.

—¿Sabías que mi padre transfirió dos millones de dólares a una empresa vinculada al tuyo?

Isabella dejó caer la cuchara.

El sonido metálico resonó en la cocina.

Su rostro perdió todo el color.

—¿Qué?

La observé.

—Hace seis años.

Sus labios comenzaron a temblar.

—Dominic…

Me acerqué.

—¿Qué pasó realmente cuando desapareciste?

Isabella se apoyó contra la encimera.

Durante varios segundos no pudo hablar.

Finalmente susurró:

—Mi padre murió tres meses después de que nacieran los niños.

Sentí un escalofrío.

—Lo siento.

Ella negó lentamente.

—Nunca te conté por qué.

Me quedé inmóvil.

Isabella levantó los ojos.

Estaban llenos de lágrimas.

—Antes de morir, me dejó una carta.

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