Hubo un silencio.
Después pronunció unas palabras que dejaron a María completamente inmóvil.
—Su esposo no murió sin dejar enemigos, señora María. Y Ricardo Mendoza no es el hombre al que debería temer.
La llamada terminó.
María miró nuevamente los documentos.
Entonces encontró una fotografía escondida detrás de la carta.
Mostraba a su esposo, veinte años más joven, junto a Ricardo Mendoza.
Y entre ambos estaba una mujer.
María reconoció su rostro inmediatamente.
Era Patricia.
Pero la fecha escrita detrás de la fotografía correspondía a una época en la que Patricia todavía era una niña.
Y debajo aparecía una frase:
«Nuestra hija debe conocer la verdad algún día».
María dejó caer la fotografía.
Porque acababa de comprender que la mujer que había entrado en su familia como esposa de Marco quizá llevaba toda su vida vinculada a un secreto que su difunto marido nunca se atrevió a confesar.