La señora María introdujo lentamente la mano en la bolsa de arroz.
Sus dedos tocaron algo duro.
Frunció el ceño.
Apartó algunos granos y descubrió un pequeño paquete envuelto en plástico transparente.
Cuando lo abrió, sus manos comenzaron a temblar.
Dentro había varios fajos de billetes.
Y una carta.
Reconoció inmediatamente la letra de su hijo Marco.
«Mamá, perdóname por tratarte así. No podía darte este dinero delante de mi esposa. Por favor, no le cuentes nada a nadie. Te explicaré todo pronto».
María se llevó una mano a la boca.
Contó los billetes.
Había cincuenta mil pesos.
Una fortuna para una mujer que aquella mañana no tenía suficiente dinero para comprar pan.
Pero en lugar de sentirse feliz, comenzó a llorar.
Porque conocía a su hijo.
Y sabía que Marco jamás le habría pedido guardar un secreto sin una razón importante.