—No sabía.
—¿Cómo que no sabías?
—Hasta hace tres días.
Mauricio volvió a ponerse pálido.
—¿Qué encontraste?
Ahora era él quien hacía preguntas.
Santiago metió la mano en el bolsillo oculto del vestido y sacó una pequeña llave.
—El broche estaba guardado con esto.
Reconocí inmediatamente la llave.
Era de una caja de seguridad pequeña que Valeria tenía desde adolescente.
Después del accidente buscamos esa caja durante semanas.
Nunca apareció.
—¿Dónde estaba?
—Con la señora Teresa.
Me quedé helada.
Teresa Salgado había sido profesora de literatura de Valeria durante la preparatoria y siguieron en contacto después de que mi hija entró a la universidad.
Mauricio frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver Teresa?
—Valeria fue a verla aquella tarde.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
Mauricio abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
Santiago continuó:
—La maestra Teresa me llamó hace tres días. Dijo que Valeria le había dejado una caja y le pidió entregármela solamente después de mi graduación.