part 2

 

El sobre blanco llegó un martes, sin remitente en el dorso y con mi nombre escrito en una letra que conocía demasiado bien.

Cynthia.

Durante cuatro años no había querido ver esa letra. La guardé en el cajón de la cocina, debajo de las facturas, como si el papel pudiera enfriarse si nadie lo miraba. Oliver pintaba dinosaurios en la mesa. Grace, sentada en el suelo con su vestido rosa de todos los días, le ataba cintas viejas a las patas de una silla. La casa olía a pan tostado y a lápices de cera. Era una casa pequeña, alquilada, con una ventana que daba a un patio de ladrillo, y era mía.

Emily salió de la habitación con el delantal aún puesto.

—Si no lo abres, lo abriré yo —dijo.

—Ya sé quién lo envía.

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