Mi hermano se burló de mi uniforme frente a toda su tripulación… sin imaginar por qué una almirante había subido personalmente a inspeccionar su buque

—¿Con quién?

—Con papá.

La habitación quedó en silencio.

—¿Puedes probarlo?

—Sí. Volé esa tarde. Tengo el pase de abordar, cargos de tarjeta y…

Se detuvo.

—¿Y qué?

Mauricio se levantó lentamente.

—Mi teléfono.

—¿Qué pasa con él?

—Lo dejé aquí.

Karla y Arturo se miraron.

—¿Por qué dejarías tu teléfono de servicio?

—Porque estaba castigado. Me habían llamado la atención por sacarlo fuera de una zona autorizada la vez anterior.

Aquello podía verificarse.

Y si era cierto, cambiaba todo.

No demostraba su inocencia.

Pero significaba que alguien pudo haber utilizado tanto su terminal como su dispositivo.

—¿Quién sabía que viajarías?

—Mi superior inmediato, dos compañeros…

Hizo una pausa.

—Y papá.

Lo miré fijamente.

—¿Por qué papá sabía que dejarías el teléfono?

—Porque se lo dije.

Mi celular volvió a sonar.

Papá.

Esta vez no contesté.

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