Julián salió de la sala legal con la cara blanca. En la mesa había una carpeta con su nombre. Dentro, su contrato de trabajo. Un contrato que él nunca se había tomado la molestia de leer.
Porque Julián no era socio de Camino Real Supply. No era director. No era vicepresidente. Era gerente de operaciones. Con un salario de 45 mil pesos al mes. El mismo salario que ganaba cuando se casaron, hace 6 años.
Pero eso no era lo peor. En la carpeta había una carta de terminación laboral. Firmada por Verónica. Efectiva inmediatamente.
Julián sacó su celular para llamarla. Su número ya no existía en su contactos. Ella lo había borrado.
Mientras tanto, doña Elvira seguía golpeando la puerta. Hasta que un auto negro se detuvo frente a la casa. Bajó una mujer de traje, con una carpeta bajo el brazo. Era la abogada de Verónica.
—Señora Elvira —dijo la abogada, sin levantar la voz—. Tengo una orden de restricción a su nombre. —¿Qué? —gritó doña Elvira—. ¡Esta es la casa de mi hijo! La abogada sacó un documento. —Esta casa está a nombre de Verónica González. Comprada en 2018, dos años antes de que su hijo y ella se casaran. Doña Elvira abrió la boca. No salió nada. —Y aquí —continuó la abogada— está la escritura del coche que su hijo maneja. También a nombre de Verónica. —Pero… pero mi hijo trabaja… —Su hijo trabajaba —corrigió la abogada—. Hasta hace una hora.
Doña Elvira se dejó caer en la banqueta. —Pero él me da dinero… cada mes… La abogada sonrió sin alegría. —Su hijo le daba 15 mil pesos mensuales. Dinero que Verónica le depositaba a él, cada mes, en su cuenta personal. Porque ella pensaba que era justo ayudar a su familia. Doña Elvira empezó a llorar. —Pero él dice que mantiene a Verónica… —No, señora. Verónica lo mantiene a él. Y a usted.
Esa tarde, Julián llegó a la casa de su madre. Encontró a doña Elvira sentada en la sala, con los ojos hinchados. —Mamá, ¿qué pasó? —Tu esposa me corrió de su casa. —¿Qué? ¡Yo voy a…! —Tu esposa —interrumpió doña Elvira, con la voz quebrada— me mostró las escrituras. La casa es de ella. El coche es de ella. Todo es de ella. Julián se quedó inmóvil. —Y el dinero que me das… —continuó doña Elvira—, ¿de dónde sale, Julián? Él no contestó.