Cinco médicos iban a dar de alta a una niña que seguía llorando cuando vi que señalaba un punto del pie que nadie había examinado. Mientras ellos cerraban el caso, ella ni siquiera podía apoyarlo. “Mañana estarás delante de dirección, y tendrás suerte si sigues llevando ese uniforme.” Sujeté la barandilla, frené el alta y pedí otra prueba; horas después, un registro de medicación reveló algo mucho peor. –

Había pasado toda la noche allí.

Alba le enseñó un dibujo de 3 figuras: ella con el pie azul, su padre con traje y Lucía en medio, con un estetoscopio enorme.

—Somos nosotros.

A Lucía se le cerró la garganta.

Álvaro observó el dibujo en silencio. Desde que había perdido a Irene, la madre de Alba, 3 años antes, había intentado compensar su ausencia llenando la casa de profesores, actividades, regalos y cuidadores. Aquella enfermera había conseguido en 24 horas algo que él llevaba años sin conseguir: que Alba volviera a sentirse completamente segura junto a un adulto.

Pero Lucía apenas tuvo tiempo de pensar en ello.

La supervisora Carmen apareció en la puerta.

—Dirección te espera.

Salcedo había presentado una denuncia por insubordinación.

El director clínico escuchó a Lucía admitirlo todo: había detenido el alta, había contradicho al equipo y lo volvería a hacer.

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