PARTE 1
Los 5 médicos ya habían firmado el alta de la niña cuando una enfermera con apenas 4 semanas en el hospital puso la mano sobre la barandilla de la cama y dijo que Alba no saldría de allí hasta que alguien volviera a mirar su pie.
Durante unos segundos, nadie respiró con normalidad.
Alba Rivas tenía 7 años, llevaba una bata blanca con pequeñas flores azules y tenía el rostro hinchado de tanto llorar. Había llegado aquella mañana a un hospital privado de Madrid después de caer durante una actividad escolar. La radiografía no mostraba nada evidente y el diagnóstico estaba decidido: esguince leve, reposo y vuelta a casa.
El doctor Tomás Salcedo, traumatólogo con 24 años de experiencia, sostenía la carpeta como si el asunto estuviera cerrado.
—Los niños viven las molestias con mucha intensidad. En unos días estará mucho mejor.