Había una.
Había sido presentada varios días después de la primera.
En ella, el hombre agregaba detalles que no aparecían en su versión inicial.
Uno de esos detalles era precisamente la prenda de Ramira.
Otro era la dirección hacia la que supuestamente la vio caminar.
Méndez comparó ambas declaraciones.
—Cambió su historia.
Ramira se inclinó hacia adelante.
—¿Qué cambió?
—Primero dijo que te vio salir. Después dijo que también observó hacia dónde te dirigiste y cómo ibas vestida.
—¿Eso no lo revisaron?
—Se consideró unaampliación.
Ramira soltó una risa sin alegría.
—Una ampliación que me costó cinco años.
Salomé apretó los dedos de su madre.
Méndez siguió revisando.
La nueva pregunta ya no era solamente si Ramira podía demostrar su inocencia.
Era por qué el testigo había añadido detalles después y por qué había buscado a Salomé en esos mismos días.
La niña volvió a hablar.
—Tengo otra cosa escrita atrás.
Méndez giró el cuaderno.
En la última hoja había una frase casi borrada por el roce.
No era una acusación.
Era el recuerdo de una conversación.
Salomé había anotado que aquel hombre le dijo que su mamá tardaría mucho en volver si ella hablaba demasiado.
Ramira dejó de respirar por un segundo.