“No.”
Deslicé mi dedo por debajo de la solapa.
“Si lo dejo ahora, puede que me dé demasiado miedo volver a cogerlo”.
Dentro habĂa una página doblada.
La letra era un poco apresurada, pero fácil de leer.
Lo desplegué
Mi queridĂsima Emma,
Si estás leyendo esto, entonces la vida no resultó como esperaba.
QuerĂa ser la persona que te dijera lo mucho que te amábamos desde el principio.
Pero si estas palabras te llegaron en lugar de mi voz, entonces no pude decĂrtelo yo mismo.
Hay una cosa que necesito que sepas por encima de todo lo demás.
Nada de lo que pasĂł fue culpa tuya.
Fuiste la mayor alegrĂa de mi vida.
Desde el primer momento en que te tuve en mis brazos, te amĂ© más de lo que creĂa posible amar a otra persona.
Todos los futuros que imaginaste te incluĂan a ti.
Si te ha criado otra familia, espero que te hayan querido con todo su corazĂłn.
Y por favor, nunca creas que el hecho de que alguien más te ame significa que yo te amé menos.
El amor no desaparece simplemente porque la vida cambia.
Espero que hayas crecido siendo una persona amable.
Espero que te hayas reĂdo mucho.
Espero que hayas encontrado personas que te hicieran sentir seguro y un lugar que te hiciera sentir como en casa.
Y espero que siempre hayas sabido que merecĂas ser amado.
Ante todo, espero que nunca hayas creĂdo que no eras querido.
Te querĂan desde el principio.
Si las personas que te criaron te amaron bien, no las pierdas de vista.
Son tu familia.
El hecho de aprender de dĂłnde vienes no deberĂa restarle importancia a las personas que te acompañaron durante tu crecimiento.
Quizás simplemente significa que tuviste la suerte de ser amado dos veces.
Ojalá hubiera podido verte crecer.Ojalá hubiera podido estar allĂ para todos los dĂas normales y para todos los importantes.
Y ojalá hubiera podido decĂrtelo yo misma, con tu mano en la mĂa.
Con todo el amor que una madre puede dar,
Tu primera mamá,
Alicia
Alicia
Ese era el nombre de mi madre biolĂłgica.
Lo susurré en silencio.
Una mujer cuyo nombre no lograba recordarme habĂa amado lo suficiente como para dejarme unas palabras por si acaso no podĂa quedarse.
VolvĂ a leer la carta.
Por otra parte
A la tercera vez, las lágrimas corrĂan silenciosamente por mi rostro.
Levante la vista hacia Helen.
Mi madre
Me observaba atentamente, dándome espacio.
—Parece que era una buena persona —susurré.
Mamá
“Estoy segura de que sĂ”.
Entonces ella extendiĂł la mano hacia mĂ.
“Y el hecho de que Emma nos quiera no nos quita nada”.
Comencé a llorar con más fuerza.
“Hay espacio para ambos”, continuó. “Siempre lo ha habido”.
“Creo que algĂşn dĂa quiero saber más sobre ella.”
“Por supuesto.”
“Hoy no.”
“Cuando estés listo.”
“Quiero saber de dónde vengo”.
Mamá inmediatamente
“Y yo te ayudaré.”
Doblé con cuidado la carta de Alicia y la volvió a metro en el sobre.
Por primera vez en mi vida, comprendĂ que la familia podĂa significar más de una cosa.
Sangre
ElecciĂłn
Memoria
Personas que se van
Personas que se quedan
Alicia me habĂa querido durante mis dos primeros años.