Entonces Elena perdió fuerza en las piernas.
Daniela alcanzó a sostenerla antes de que cayera.
—¡Una silla! ¡Ahora!
Regina puso los ojos en blanco.
—Está exagerando.
Daniela la miró con tanta rabia que por primera vez Regina retrocedió.
Una enfermera de la pequeña clínica del centro comercial apareció con una silla de ruedas.
Mientras atendían a Elena, Octavio se acercó a Daniela.
—A partir de hoy tienes prohibido entrar a Plaza Cobalto.
—Trabajo aquí.
—Hablaré con el dueño del gimnasio.
—Haga lo que quiera.
—Podrías perder tu empleo.
Daniela miró las manos temblorosas de Elena.
—Si para conservarlo tengo que mirar hacia otro lado mientras alguien golpea a una anciana, entonces no vale la pena.
En la clínica, Daniela se quedó hasta que la presión de Elena comenzó a estabilizarse.
—¿Por qué sigues aquí? —preguntó la señora.
—Porque alguien de su familia debe venir por usted.
—Mi hijo viene en camino.
—Perfecto.
Minutos después, el teléfono de Daniela sonó.
Era Marcos Rivas, propietario del gimnasio.
—Octavio me llamó.
—Qué rápido.
—Dice que atacaste a Regina Alcázar.
—Detuve una segunda bofetada.
—Daniela… su padre posee varios locales en la plaza.
—¿Eso cambia lo ocurrido?
—No.
—Entonces no entiendo por qué me lo mencionas.
Marcos suspiró.
—Ven mañana temprano. Tenemos que hablar.
Cuando colgó, Daniela vio a Elena observándola con culpa.
—Vas a perder tu trabajo.
—No por usted. Si lo pierdo será porque mi jefe eligió tener miedo.
Un automóvil negro frenó frente a la clínica.
Un hombre de unos 40 años bajó apresuradamente.
Llevaba camisa azul sencilla, mangas arremangadas y ningún guardaespaldas visible.
Entró corriendo.
—¡Mamá!
Elena sonrió.
—Santiago.
El hombre se arrodilló frente a ella.
—¿Quién te hizo eso?
Luego vio a Daniela.
—Ella me ayudó —explicó Elena—. Me sostuvo cuando casi me desmayé. Se quedó conmigo.
Santiago se levantó.
—Gracias.
—Cuide a su madre. Eso basta.
—Mi madre dice que puede perder su empleo.
—Mi problema.
Santiago la estudió con sorpresa.
—Puedo ayudarla.
Daniela arqueó una ceja.
—¿Con dinero?
—Si hace falta.
—Entonces no.
—No intento comprarla.