Accidentes mínimos.
Hasta que Valeria encontró un registro de visitantes.
El nombre de Joaquín Reyes aparecía varias veces.
La última entrada estaba fechada el 17 de octubre.
Valeria dejó caer la hoja.
—No puede ser.
—¿Qué pasa?
—Mi padre murió oficialmente el 9 de octubre.
Alejandro volvió a mirar.
El registro mostraba además la firma de Joaquín.
—¿Puede ser falsa?
Valeria negó con lágrimas en los ojos.
—Conozco esa firma desde niña.
Su padre había estado vivo 8 días después de su supuesto funeral.
Buscaron a un antiguo médico de confianza de Roberto Montemayor, el doctor Ernesto Salgado.
Al mencionar a Joaquín Reyes, el anciano bajó la cabeza.
—Sabía que algún día vendrían.
Valeria se levantó.
—¿Mi padre sobrevivió?
—Sí.
El mundo pareció detenerse.
—¿Dónde está?
—No lo sé exactamente.
—¡15 años creyendo que estaba muerto!
El doctor tragó saliva.
—Porque Roberto Montemayor le salvó la vida.
Alejandro se quedó helado.
Salgado explicó que Joaquín había descubierto que varios directivos ocultaban contaminación grave y falsificaban estudios ambientales. Cuando Roberto lo supo, quiso ayudarlo, pero alguien dentro del consejo ordenó silenciar al periodista.
Roberto organizó un accidente falso.
Joaquín desapareció con otra identidad para proteger a Valeria.
—¿Quién ordenó matarlo? —preguntó Alejandro.
—Roberto jamás me dio el nombre. Solo dijo que era alguien demasiado cercano.
Había, sin embargo, una pista.
La firma de esa persona aparecía en el estudio ambiental verdadero.
Esa noche Alejandro y Valeria entraron al servidor histórico de Grupo Montemayor.
Encontraron una carpeta oculta:
PROYECTO FÉNIX.
Dentro había pagos secretos, estudios manipulados y reportes de vigilancia.
Finalmente apareció el informe original.
La contaminación había sido grave.
Abrieron la página de autorizaciones.
Valeria leyó el último nombre.
Teresa Alcázar.