Alejandro dejó de respirar.
—¿Quién es?
—Presidenta del consejo.
Pero Teresa era mucho más que eso.
Había sido la mejor amiga de Roberto.
Alejandro la llamaba tía Teresa desde niño.
Ella estuvo en su graduación.
Lo acompañó durante el funeral de su padre.
Lo había ayudado a convertirse en director general.
Entonces encontraron otro archivo.
“Seguimiento permanente: Joaquín Reyes.”
Otro.
“Neutralización del riesgo periodístico.”
Y otro.
“Roberto Montemayor comienza a representar un riesgo para la continuidad de la operación.”
Alejandro sintió que se le helaba la sangre.
—También vigilaba a mi padre.
De pronto la pantalla se puso roja.
ACCESO NO AUTORIZADO.
Las puertas de la oficina se bloquearon.
La voz de Teresa salió de los altavoces.
—Alejandro, esperaba que nunca fueras tan curioso.
—Intentaste matar a Joaquín.
—Protegí una empresa que mantiene a miles de familias.
—Envenenaste comunidades.
—Tu padre se volvió sentimental. Y ahora tú también.
Valeria miró alrededor buscando una salida.
Teresa continuó:
—En 5 minutos llegará seguridad. La señorita Reyes será acusada de robar información corporativa. Tú serás presentado como un director emocionalmente inestable manipulado por una oportunista.
Alejandro cerró los puños.
Entonces recordó algo.
Cuando era niño, su padre le había mostrado la enorme biblioteca de aquella oficina.
“Todo sistema necesita una segunda salida.”
Corrió hacia los estantes.
Vio 3 libros que Roberto siempre mantenía juntos: uno sobre Roma, otro sobre humanidad y uno titulado La sombra del poder.
Presionó los lomos.
La estantería se desplazó.
Detrás había un pasadizo.
Escaparon segundos antes de que seguridad entrara.
Alejandro había copiado los documentos en una memoria.
Esa misma madrugada distribuyeron las pruebas entre periodistas, abogados ambientales y autoridades.
A las 07:30 México despertó con el escándalo.
Grupo Montemayor había ocultado durante años contaminación, espionaje y amenazas.
Teresa negó todo.
Pero faltaba una persona capaz de explicar la historia completa.
Joaquín.
Siguiendo antiguos pagos secretos realizados por Roberto, encontraron una casa para adultos mayores cerca de Pátzcuaro, Michoacán.
Valeria permaneció varios minutos frente a la puerta.
Finalmente entró.
En una terraza había un hombre de cabello completamente blanco leyendo un periódico.
Él levantó la cabeza.
El papel cayó de sus manos.
—Valeria…
Ella comenzó a llorar.
—¿Papá?
Joaquín se puso de pie con dificultad.
Valeria corrió hacia él.
Durante varios segundos lo golpeó débilmente en el pecho mientras lloraba.
—¡Te enterré! ¡Te lloré 15 años!
—Lo sé.
—¡Me dejaste sola!
—Lo sé.
—Te odié por morirte.
Joaquín cerró los ojos mientras la abrazaba.
—Y yo me odié cada día por seguir vivo lejos de ti.
Joaquín conservaba copias de documentos, grabaciones y fotografías.
Aceptó declarar.
Teresa Alcázar fue arrestada meses después por falsificación de informes, corrupción, espionaje ilegal y conspiración para atacar a Joaquín Reyes.