—¿D… Daniel…?
Su esposo rompió a llorar.
—Sí, amor. Estoy aquí.
Los médicos no podían creerlo.
Aquello desafiaba todas las predicciones.
Pero la sorpresa mayor estaba por llegar.
Cuando Emily levantó lentamente la mirada, observó a Lily de pie junto a la cama.
La pequeña sonrió.
—Sabía que volverías.
Emily la miró confundida.
—¿Nos conocemos?
Lily negó con la cabeza.
—No. Pero te vi en mi sueño.
Un escalofrío recorrió la habitación.
Antes de que alguien pudiera responder, las luces del hospital parpadearon.
Una vez.
Dos veces.
Y luego se apagaron por completo.