La habitación quedó sumida en la oscuridad.
Solo el sonido constante de los monitores rompía el silencio.
Entonces, desde el pasillo, se escuchó un grito.
Uno de los guardias corrió hacia la habitación.
—¡Cierren las puertas! ¡Algo está pasando en el ala norte!
Daniel abrazó a Emily mientras los médicos intentaban averiguar qué ocurría.
Pero nadie notó algo inquietante.
El pequeño frasco de tierra que Lily había traído estaba ahora completamente vacío.
Y en el fondo del cristal había aparecido una sola palabra escrita con barro húmedo:
“Aún no.”
Y lo que sucedió después cambiaría para siempre la vida de Emily, Daniel y la pequeña Lily… porque el verdadero misterio apenas estaba comenzando.