Al final aprendí algo mucho más importante.
Nunca más volvería a esconder quién era para conseguir el amor de nadie.
Me llamo Renata Montemayor.
Sobreviví al hombre que quiso quitarme a mi hijo, a la mujer que convirtió mi matrimonio en una operación y a las mentiras que destruyeron la vida que creía tener.
Y cuando todo terminó, entendí que mi mayor victoria no fue recuperar mi dinero ni ver caer a quienes me traicionaron.
Fue volver a casa con mi hijo entre los brazos y descubrir que, después de todo lo que intentaron arrancarme, todavía podía construir una vida que me perteneciera por completo.