Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle, confesó que aquel hombre le había dicho que él mismo había matado a su primera esposa. El viudo entendió entonces que ella no huía para salvar su matrimonio, sino su vida. Si la escondía, el hombre que la buscaba podía llegar hasta su propia puerta.

PARTE 1

—No me deje en el camino, señor. Con que me permita dormir esta noche en su corredor me basta.

La mujer apareció poco antes de las 11, subiendo a pie por el camino de terracería que atravesaba mi cafetal en la Sierra Norte de Puebla. Jalaba un burro canelo cargado con 2 costales, un petate y una maleta vieja. Mi perro, Centella, salió de debajo de la banca. Era desconfiado hasta con los vecinos, pero en vez de ladrarle, le olió la mano y se quedó junto a ella.

Yo llevaba 3 años viudo y 3 años dejando prendida la lámpara del corredor. Mi esposa, Elena, decía que una casa con luz parecía decirle al caminante que todavía había alguien despierto. Desde que ella murió, yo ya ni sabía para quién la encendía.

—¿De quién viene huyendo? —pregunté.

La mujer apretó la cuerda del burro.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *