Durante mi ecografía de 3 meses, escuché a mi esposo decirle al médico: ‘Quítale el bebé y asegúrate de que nunca vuelva a ser madre’. Vi la jeringa acercarse a mi brazo y no grité. Solo mordí el pequeño botón escondido dentro de mi chaqueta. Él creía que estaba indefensa, pero no sabía quién recibiría aquella señal.

Vestía ropa táctica.

Sostenía una pistola.

—Finalmente conocemos a la verdadera Renata Montemayor —dijo.

Julián me miraba con una mezcla de odio y desesperación.

—Me quitaste todo.

—Tu empresa se levantó con mi dinero.

—¡Era mía!

—Entonces debiste aprender a sostenerla sin intentar asesinar a quien la financiaba.

Se acercó a Marta y apoyó la llave inglesa sobre su hombro.

—Entrega los accesos de Montemayor y todo termina.

—No tienes idea de lo que robaste, Julián.

—Sé exactamente cuánto vale.

Ximena levantó el arma.

—Basta.

Me apuntó al pecho.

—Tu embarazo alteró los tiempos. Julián debía mantenerte cerca hasta conseguir acceso completo a los sistemas de tu familia. Cuando descubrimos que estabas embarazada, empezaste a convertirte en un problema.

La miré fijamente.

—Por eso la operación.

—Por eso todo.

Julián tragó saliva.

Por primera vez pareció comprender algo.

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