PARTE 2: El desayuno servido

No sabía que yo participaba en las decisiones de varias compañías, ni que el banco consultaba conmigo determinadas operaciones relacionadas con nuestro patrimonio.

Lo más irónico era que, cuando Rodrigo comenzó a presumir de sus negocios, fui yo quien recomendó a varios inversionistas que lo escucharan.

No porque necesitara su dinero.

Sino porque confiaba en él.

Y había confundido su ambición con su capacidad.

—¿Me estuviste engañando todo este tiempo? —preguntó.

—No. Nunca te oculté quién era. Simplemente nunca quisiste conocerme.

Teresa comenzó a llorar.

—Mariana, querida, podemos solucionar esto como familia.

La miré.

—Ayer estaba en esa cocina mientras su hijo me golpeaba. Usted lo vio. Lo justificó. Incluso lo felicitó.

Teresa bajó la mirada.

—Yo solo quería proteger a mi hijo.

—¿Y quién me protegía a mí?

No respondió.

Valeria me tocó suavemente el brazo.

—Mariana, debemos continuar con el procedimiento.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *