Al cuarto día, Daniel Carter dejó de esconderse.
Esperó hasta que Ethan se marchó del parque y se acercó lentamente a la niña.
Ella estaba guardando los restos de un sándwich en su mochila cuando vio sus zapatos negros frente al banco.
Levantó la mirada.
—¿Usted es el padre de Ethan?
Daniel se quedó sorprendido.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque tienen los mismos ojos. Pero los de Ethan parecen más felices.
Aquellas palabras lo golpearon de una manera inesperada.
—¿Cómo te llamas?
—Sophie Miller.
—¿Por qué mi hijo te trae comida todos los días?
La niña bajó la cabeza.
—Porque sabe que a veces no tengo nada para cenar.
Daniel sintió una presión desconocida en el pecho.
—¿Dónde están tus padres?
Sophie apretó la mochila contra su cuerpo.
—Mi mamá está enferma. Trabajaba limpiando oficinas, pero perdió su empleo. Ahora casi nunca puede levantarse de la cama.