Entonces vi un moretón cerca de su muñeca.
“¿Qué le pasó?”
Marcos miró el brazo de mi hija.
“Seguro se cayó jugando.”
“Quiero llevarla al hospital.”
La voz de Julián llegó desde el pasillo.
“¿Otra vez con eso, Sofía?”
Mi esposo apareció todavía con la camisa que usaba para ir a su oficina en Querétaro. Llevaba un vaso en la mano y esa expresión de paciencia con la que llevaba meses haciéndome sentir como una mujer irracional.
“Está inconsciente”, dije.
“Está dormida.”
“Julián, mírala.”
Él soltó una risa.
“Camila es una niña torpe. Tú conviertes cualquier cosa en una tragedia.”
Intenté caminar hacia la puerta con mi hija, pero él se colocó delante.
“No vamos a pasar 6 horas en urgencias porque tú estés nerviosa.”
“Hay moretones.”
“Los niños se golpean.”
“Esto ya ocurrió 4 veces.”
Su rostro cambió apenas.