Capítulo 2: La llamada que destapó la traición

Me arrodillé para quedar a su altura.

—¿Qué escuchaste, cariño?

Ethan tragó saliva.

—Dijeron que cuando te llevaran a la residencia, podrían vender la casa y quedarse con todo el dinero.

Sentí que se me cerraba la garganta.

Pero mi nieto todavía no había terminado.

Se acercó y susurró:

—Abuela, también dijeron que el lunes van a venir a buscarte. Y que esta vez no podrás negarte.

Lo abracé con fuerza.

Porque acababa de comprender que los 61 000 dólares eran solamente el principio.

Capítulo 4: El lunes que intentaron quitarme mi libertad

No dormí aquella noche.

Después de que Ethan se quedó dormido en el sofá, llamé a una abogada llamada Patricia Reynolds. Había trabajado con mi esposo muchos años antes, cuando todavía dirigíamos nuestro pequeño negocio familiar.

Le expliqué todo: los 61 000 dólares desaparecidos, las grabaciones del banco, la firma falsificada, los documentos de compraventa y el poder notarial que había firmado sin comprender sus verdaderas consecuencias.

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