En varias actas aparecía descrito como demasiado enfermo para participar.
Y algunas facultades que había concedido a Gerardo parecían haberse utilizado mucho más allá de sus límites originales.
Volví a tocarme la nuca.
Por primera vez entendí que la pregunta no era solamente qué tenía debajo de la piel.
Era quién llevaba 3 años tomando decisiones mientras yo estaba demasiado confundido para hacerlas.
Y al revisar las primeras fechas, descubrimos algo todavía más inquietante: varias visitas médicas habían ocurrido precisamente antes de reuniones en las que yo pensaba cuestionar los negocios de Gerardo.
Parte 2: La doctora Delfina Ríos, neuróloga de un hospital privado independiente, fue la primera persona en mucho tiempo que escuchó mis síntomas sin permitir que nadie respondiera por mí.
Examinó la cicatriz, solicitó estudios adecuados e insistió en identificar el dispositivo antes de considerar procedimientos como una resonancia.